Contrastes

  La plácida oscuridad que hasta entonces le había estado reconfortando con la ausencia de existencialismos fue interrumpida por una dolorosa punzada de luz que lo inundó todo, cegándolo al principio, y humedeciendo sus ahora llorosos ojos a modo de carta de presentación y bienvenida.
No tardó en sentirse envuelto, por una sensación que alejaba su subconsciente del planteamiento de infinitas cuestiones, al ver borrosamente a aquella figura femenina, sentir su suave tacto y oír cercano el tono cálido de aquella familiar voz que antaño fue lejano eco.
Mas no duró mucho aquella sensación, porque en contraste con el brillo áureo de aquel ser de luz, percibía no muy lejos la presencia oscura de otro ser; oscura no como la plácida oscuridad del origen, sino como la conjunción de una serie de matices que ennegrecían su alma.

***

  El joven Pablo correteaba a solas por el patio del colegio mientras imaginaba lujos con una sonrisa en la cara, como queriendo dejar atrás y forzadamente, los problemas que le arrebataban su ingenuidad por derecho.
Su integración con el resto de los niños no iba como a él le gustaría. Anhelaba tener amigos pero, al mismo tiempo, se planteaba si de verdad anhelaba tener amigos que le juzgasen o tratasen distinto por el mero hecho de no llevar ropa y zapatillas caras, no tener consola en casa o almorzar siempre un sándwich de mortadela siciliana.
Tampoco ayudaba a mejorar sus relaciones amistosas que no supiera qué contestar cuando preguntaban abiertamente en clase a cada niño, cuáles eran las profesiones de sus padres. La gran mayoría vociferaba a pecho henchido sus bien reconocidas o socialmente aceptadas profesiones paternales. Siempre que en algún curso o clase preguntaban a este respecto, él pensaba en su madre. Una mujer por la que sentía plena admiración más allá de porque cubriera con sus necesidades básicas. Y es que aun trabajando diez duras horas nocturnas en una fábrica y con un escaso sueldo, siempre llegaba a recogerlo a la puerta del colegio con una sonrisa.
Era un niño inteligente, resaltando sobre todo en Matemáticas y dando argumentos a ciertos problemas expuestos en clase, que dejaban a la profesora esbozando una ligera sonrisa, y al resto de la clase, a algunos con una sensación de incertidumbre y a otros de rechazo.
De hecho, hubiera sido un avezado estudiante y quizá hubiera llegado lejos, académicamente hablando, si sus circunstancias personales se lo hubieran permitido.

***

  El sonido de la cotidianidad vecinal, incluyendo ya el fragor de alguna que otra disputa, se filtraba a través de las desconchadas paredes de su habitación. Pablo observaba una de las humedades en el techo mientras dejaba su mente en blanco para volver a intentar concentrarse en los deberes de la escuela.
Su madre andaba ajetreada por la casa, dejando constancia de ello con el sonido de vivos y firmes pasos sobre un suelo de terrazo ya deteriorado por los años. La oía ir y venir con premura, intentando dejar todo lo más arreglado posible para su hijo y el desaparecido de su marido, antes de marcharse a trabajar.
Y es que para Pablo, el hombre que a veces veía borracho por casa y que desaparecía después durante días sin que nadie supiera su paradero, no era su padre. No sabía qué profesión tenía, aparte de la de poner triste a su querida madre pidiéndole, a voces y utilizando adjetivos despectivos, dinero para alcohol y tragaperras. Y si su madre se ponía triste, Pablo también.
La puerta de su habitación se abrió con el ligero ruido de haberla desempotrado debido a la holgura en las viejas bisagras. Su madre apareció sonriente ante él, como siempre, ofreciéndole un vaso de leche y galletas por merienda. Pablo aceptó de buen grado, no sin preguntarse por qué su madre parecía llevar hoy más maquillaje que de costumbre en su bonita cara. Se fijó mejor mientras su madre depositaba cerca el vaso y el plato que contenían la merienda y atisbó un ligero oscurecimiento en la parte del pómulo derecho que no recordaba haber visto ahí hace unos días.
Su madre aprovechó la pequeña incursión en su habitación para volver a reordenar lo que Pablo ya había ordenado horas antes para precisamente ahorrarle ese trabajo. Ella le volvió a sonreír y con una caricia en el pelo y un beso en la frente, salió de su habitación.
Siempre que su madre andaba cerca le transmitía esa extraña sensación de confort, que parecía nacer a mitad de vientre para luego expandirse, inundando con paz torrencial el resto de su cuerpo. Se dejó llevar por la sensación y cerró los ojos con la imagen de su madre aún presente en el interior de su cabeza.
Aquella mujer, con su frágil apariencia de estilizada figura y grácil andadura, le demostraba cada día ser el ejemplo de persona en el cual reflejarse. Ni penuria, ni tormenta, ni mal que cerca de ellos pudiera acechar, podía penetrar en la férrea coraza de su determinación. Pablo estaba seguro de que era su amor hacia él la herramienta con la que escalar la montaña más alta. No importaba qué ocurriese porque ella siempre se las apañaba para sacarlos adelante. Él lo sabía y la quería aún más por ello.

  El sonido de la puerta principal cerrándose con vehemencia cual estallido, sacó a Pablo de sus bonitos pensamientos. Puso todos sus sentidos en intentar despejar la duda que comenzaba a inquietarle, sin parpadear, sin respirar ni tragar saliva, y fue entonces que escuchó el furor de la refriega en el salón. La inquietud dio lugar al miedo al oír lloriquear a su amada madre y todos sus músculos se tensaron en un estado de alerta máxima. El miedo dejó paso al valor cuando el pensamiento de que su madre pudiera estar sufriendo algún daño hizo que su rabia borbotease, impulsando con potencia hidráulica su cuerpo hacia el salón.
Desafortunadamente era poco lo que un niño pudiera hacer ante un hombre que le triplicaba su estatura, y aún menos si este portaba una pistola. No tuvo tiempo para pensar, pues la visión de su madre llorando en el suelo justo en la trayectoria del cañón, le hizo saltar como un resorte para intentar interferir en dicha trayectoria y evitar el mal, en un último intento por recuperar su ingenuidad.
Los estallidos retumbaron en el vecindario y fueron eco del último abrazo entre lágrimas de Pablo y su madre, sabiendo que, mientras estuvieran juntos, todo iría bien.

***

  Decenas de velas en la puerta del colegio, iluminaban durante días el luto de las personas que se acercaban a depositar flores en el improvisado altar. De fondo, dos radiantes sonrisas capturadas en papel fotográfico. Juntas. Eternas.

***

  La densa luz parecía mantener a flote su ser sin delimitaciones corpóreas mientras lo envolvía con una suave caricia que recordaba a placenteros baños de sol veraniegos. Avanzaba sin prisa y sin esfuerzo hacia el lugar de donde provenía aquel delicado calor que incitaba a abandonarse en su abrazo.
Cuanto más cerca se encontraba de aquel foco mayor era la sensación de sosiego, de calma, de paz, de despreocupación, de confort y de felicidad.
Se sentía ineludible e inexplicablemente atraído por aquella tupida y brillante luz que parecía llamarlo con un casi imperceptible canto de sirena.
Tras unos instantes que pudieron ser o no una eternidad, se fundieron en un brillo amplificado donde no hubiera habido cabida para el más leve matiz de oscuridad.


  Todas las imágenes empleadas en mis artículos provienen de Pixabay.

Autor: Miguel A. Cabanes

Lector voraz desde temprana edad, siente el deseo instintivo de escribir en su adolescencia, durante ocasiones puntuales, pero ceja en su ejercicio debido a presiones sociales diversas. Se reencuentra con la escritura y se deja seducir por ella plenamente y sin tapujo alguno, a finales de 2015, momento en el que comienza a concursar en diversos certámenes oficiales. Tras participar en más de una veintena de concursos logra alzarse en 2016 con el 1er premio del «XXII Certamen de Cartas de Amor Ciudad de Bailén», gracias a su prosa poética titulada «A ti», donando el importe en metálico a la asociación medioambiental AMECO, en Jaén. Alterna su trabajo actual como Cabo Especialista en Telecomunicaciones de la Unidad Militar de Emergencias (UME) con la gestión de su página oficial "Miguel A. Cabanes" en Facebook y su "blog" dedicado a temática diversa y desenfadada: artículos de investigación, documentación sobre fauna y flora, críticas gastronómicas, estudios bursátiles, etc., en Steemit. Es brevemente entrevistado por M80 radio y Onda Cero (ambas con sede en Jaén) con motivo del galardón anteriormente mencionado; es entrevistado en el programa «Andando y viendo» de Radio Godella, en la 98.0FM y colabora, leyendo diversos escritos como artista invitado, en el programa del mismo nombre, esta vez para Radio Bétera, en la 107.9FM. No pierde la ilusión por escribir, encontrándose en continuo aprendizaje y viendo la escritura como un bien de un valor incalculable que debemos preservar. Algunas de sus otras aficiones actuales son el canto clásico, con el que lleva año y medio de clases particulares bajo enseñanza de una soprano reconocida a nivel local, y el piano, respecto al que está comenzando a recibir clases, desde hace un par de meses.

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